Dunkirk

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Christopher Nolan es un milagro. Un conjunto de coincidencias cósmicas nos ha dado un director que lleva toda su vida creando cine de entretenimiento y a la vez de calidad. Su filmografía es una  apabullante respuesta a aquellos que cuestionan que ambas cosas se pueden conseguir a la vez. Se puede, solo que hay que ser tan rematadamente bueno como Nolan.

Dunkirk es su décimo largometraje y creo que es lo mejor que ha hecho desde Memento (2000). Ya os aviso de que esta reseña va a ser algo más larga que de costumbre. Primero porque es una película genial pero sobre todo porque voy a intentar diseccionar muchas de las piezas que la forman para probar la enorme calidad y oficio que puede tener una cinta que va a reventar taquillas.

La película no es una lección de historia y esta reseña tampoco lo va a ser. A principios de la Segunda Guerra Mundial un enorme ejercito británico y francés queda rodeado por tropas alemanas en la ciudad costera de Dunkirk, en el norte de Francia. Más de cuatrocientos mil hombres esperan un rescate que parece más un milagro. Algunos historiadores afirman que este episodio pudo cambiar el rumbo de la guerra y con ella el del mundo entero. La película narra estos acontecimientos.

Uno de los temas más recurrentes en el cine de Nolan es el tiempo. Cómo el director lo utiliza, retuerce, reordena, distorsiona y comprime para hacernos sentir y pensar. Memento e Inception (2010) son ejemplos clarísimos. En Dunkirk el tiempo vuelve a ser un elemento fundamental por muchos motivos. Primero, porque la película se divide en tres arcos argumentales que transcurren a velocidades distintas. Vemos las aventuras de un soldado para salir de la playa de Dunkirk durante una semana, los esfuerzos de un pequeño barco por cruzar el canal durante un día y los combates aéreos de un piloto de cazas británico durante una hora. Una semana en tierra, un día en el mar y una hora en el aire. Las tres lineas se cruzas varias veces tejiendo una estructura sencillamente perfecta. Jonathan y Christopher Nolan son auténticos maestros en el dominio del tiempo como herramienta para contar una historia.

El segundo punto que destacaría sobre el uso del tiempo es que, más que en ninguna otra de sus películas, la historia se narra como una cuenta atrás. Hay que salir de la playa, el enemigo se acerca inexorablemente. Lo primero y casi lo último que escuchamos durante el metraje es el tick-tack de un reloj. Tick-tack tick-tack tick-tack. Toda la banda sonora se mueve en consonancia a ese mecanismo. La sensación de suspense, presión y angustia que Nolan logra a través del tiempo es sobresaliente. Comentar también el uso que se hace de “el enemigo” como idea o recurso, que prácticamente no vemos nunca. Se presiente como una amenaza anónima, amorfa y omnipresente, lo que le da un aura todavía más aterradora si cabe.

Otra faceta fundamental en la cinta es la cercanía e inmediatez con la que Nolan decide contar su historia. Es evidente que el objetivo que es que experimentemos lo que un soldado podría haber sentido en esos momentos. Subjetividad absoluta y una perspectiva humana constante son la base sobre la que se construye toda la estructura narrativa. No hay general moviendo piezas de batallones sobre un mapa, ni oficiales contando durante monólogos de cinto minutos lo que está pasando, ni frases heroicas sacadas de Enrique V sobre el valor y el heroísmo. Muerte, terror, confusión, angustia, miedo, valor, imprudencia, avaricia, todo nos llega de una forma muy primaria y visceral. La arena cubriendo los cadáveres lentamente, el sonido del viento, el silbido de los bombardeos alemanes, las olas golpeando contra los barcos y los muelles, el crujido del metal de los buques, la explosión seca y repentina de los torpedos…

Otra consecuencia de contar la historia de una forma tan visual, cruda y cercana es que apenas hay guion. Lo he buscado por curiosidad y todo el guion son 76 páginas, cuando lo normal es más de 150. Todos los diálogos son cortos, secos, duros, como uno imaginaría que serían en situaciones de vida o muerte. Aun así algunas perlas aderezan un guion tremendamente eficiente que deja toda la responsabilidad a un apartado visual que es lo mejor del año. Ya he comentado alguna vez que el primer mandamiento del cine es show, don’t tell (muestra, no lo cuentes). Nolan aquí da una clase magistral sobre ese principio elemental. Los personajes no te importan porque te cuenten que tienen una hija en casa o que han sufrido mucho o que merecen vivir. Te importan porque los ves sufrir, luchar, correr, gritar, porque apelan a ese principio básico humano que es la empatía. Cine con mayúsculas.

Queridos lectores, por favor, id a ver esta película al cine. No recuerdo un film reciente que se beneficie tantísimo de una gran pantalla. La maravillosa fotografía de Nolan brilla siempre pero en la gran pantalla deslumbra. Merece totalmente la pena pagar la entrada. Finalmente quiero terminar con un reparto que conjuga magistralmente dos tipos de actores. Por una parte lo mejor de la escuela de actores británicos: Mark Rylance, Tom Hardy, Kenneth Branagh, Cillian Murphy… Y por otra una serie de actores desconocidos y muy jóvenes que dan vida al grupo principal de soldados. Rostros anónimos en actores de mucha calidad donde podemos ver reflejados sin distorsiones todos los horrores y esperanzas de la guerra.

Dunkirk. Drama bélico sobresaliente sobre la supervivencia, el horror, la angustia y el heroísmo en la guerra. Estructura temporal excelente y muy bien organizada. Guion compacto y realista y una fotografía y ritmo también para enmarcar. El mejor Nolan. Tal vez el drama del año.

Trailer de Dunkirk:

2017-07-22T08:07:10+00:00

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